¿Qué implica apagar las Emisoras de Paz?

¿Qué implica apagar las Emisoras de Paz?

El silencio que preocupa a los territorios. Desde el 18 de agosto, las 20 Emisoras de Paz dejaron en pausa su programación informativa y territorial y pasaron a transmitir música centralizada desde Bogotá.

¿Por qué son importantes estas emisoras?

Las Emisoras de Paz no surgieron como una iniciativa ordinaria de programación radial. Su creación hace parte del numeral 6.5 del Acuerdo Final de Paz de 2016, con el propósito de fortalecer la comunicación en territorios afectados por el conflicto y promover información, convivencia, reconciliación y construcción de paz. El sistema llegó a completar las 20 estaciones previstas en el acuerdo.

Entre los territorios donde funcionan están Arauquita, Ituango, Chaparral, Convención, Fonseca, San Jacinto, Algeciras, Bojayá, El Tambo, Florida, Puerto Leguízamo, Mesetas, Fundación, San José del Guaviare, San Vicente del Caguán y Tumaco, entre otros.

La importancia de estas estaciones está precisamente en que la información se produce desde el territorio. No se trata solamente de retransmitir noticias nacionales: sus equipos conocen las comunidades, sus problemas, sus necesidades y sus dinámicas.

El problema no es la música: es perder la voz local

La discusión no gira alrededor de si una emisora puede transmitir música. El punto de fondo es otro: ¿qué ocurre cuando una comunidad deja de tener una radio pública que produzca información desde su propio territorio?

La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), junto con la Misión de Observación Electoral (MOE) y la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC), rechazó la suspensión y advirtió que reemplazar la programación territorial por contenidos musicales centralizados puede restringir el acceso a información local.

Según estas organizaciones, las 20 emisoras llegan a más de 463.000 personas, muchas de ellas campesinas, indígenas y afrodescendientes de municipios PDET. En zonas con dificultades de conectividad, la radio continúa siendo una herramienta fundamental para conocer qué ocurre en las comunidades.

Arauquita también está en esta discusión

Para Arauca, la decisión tiene una relevancia particular. Arauquita hace parte de la red de Emisoras de Paz, una estación creada precisamente para llevar comunicación pública a un territorio históricamente afectado por el conflicto armado.

En un departamento donde las comunidades rurales enfrentan dificultades de conectividad y donde persisten problemas de seguridad, movilidad, emergencias y acceso a servicios, la información local puede ser determinante.

La radio permite advertir sobre cierres de vías, emergencias, situaciones de seguridad, actividades comunitarias, servicios institucionales y decisiones que afectan directamente a la población.

Por eso, para los territorios, una señal musical desde Bogotá no cumple la misma función que un micrófono instalado en la comunidad.

Una decisión que genera preguntas

La suspensión ocurre en medio de una reestructuración del Sistema de Medios Públicos. Días antes, el Gobierno había anunciado cambios en el modelo de medios públicos y una revisión de contenidos.

Sin embargo, la decisión sobre las Emisoras de Paz generó cuestionamientos porque, hasta ahora, no existe claridad pública sobre cuánto durará la suspensión, qué pasará con la programación territorial ni bajo qué criterios se determinará su eventual regreso.

Además, la medida abrió interrogantes sobre el futuro de los periodistas y equipos técnicos que trabajan en estas estaciones.

FLIP pide restablecer la programación

La FLIP solicitó al Ministerio TIC, a Inravisión y a Radio Nacional de Colombia restablecer la programación informativa y territorial de las emisoras.

La organización sostiene que cualquier revisión administrativa o editorial de los medios públicos puede realizarse sin eliminar de manera generalizada los contenidos producidos desde las regiones.

El debate también llegó al Congreso. El senador Iván Cepeda anunció que presentará una acción de tutela contra el Ministerio TIC e Inravisión, argumentando una posible afectación de los derechos a la información, la libertad de expresión y la paz.

La pregunta que queda en el aire

Las Emisoras de Paz fueron creadas para que territorios golpeados por la guerra tuvieran voz, información y participación.

Hoy esas frecuencias siguen al aire, pero la pregunta es si una emisora que deja de producir información local puede seguir cumpliendo plenamente la función para la que fue creada.

Porque en las regiones donde durante décadas hablar fue difícil, silenciar el micrófono local no significa apagar una radio: significa reducir una de las pocas ventanas que permiten contarle al país qué está pasando en el territorio.

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