Arauca

Arauca, el mayor desafío para la Paz

Arauca es muy compleja, sin retórica ni exageraciones, porque allí se combinan tres dimensiones que le dan esa connotación de territorio altamente exigente: hay una profunda desconfianza de una parte de la sociedad organizada, desconfianza con el estado y con los mecanismos de construcción de concertaciones. Y razones no les faltan: vienen de una serie de malas prácticas desde el gobierno, que promete y no cumple.

La segunda dimensión es que hay unas prácticas políticas y unas realidades históricas que le dan al ELN un poder importante en el territorio. La tercera es su condición de frontera, que se suma a los intereses del ELN del lado venezolano y a la alta inestabilidad que hoy se vive en el hermano país. Estas tres dimensiones, son las que configuran un territorio donde superar el conflicto armado y construir un orden de convivencia y paz es altamente desafiante.

La historia del Sarare, donde están Arauquita, Saravena, Fortul y Tame, es la de una ocupación del territorio en donde el Estado en los años 60 ofertó tierras para campesinos. Fue un “pequeño reformismo agrario”, ante la decisión de no hacer reforma agraria, tarea pendiente hasta el día de hoy. A cinco mil familias campesinas se les dotó de crédito, insumos y ayudas para instalarse en este bosque de especiales condiciones bio-ambientales, bosque y naturaleza que fueron duramente devastados.

Junto a la tierra y un elaborado plan de “colonización dirigida”, el Estado organizó a estas comunidades campesinas, ávidas de una finca, de un proyecto de vida productivo, y de una vida en paz. La organización tuvo tres expresiones clásicas: la junta de acción comunal veredal, la Asociación de Usuarios campesinos, articulada a la ANUC y las cooperativas agrarias. Fue un proceso exitoso de organización comunitaria.

Pero una cosa era la “colonización dirigida” en los planos y otra la dura realidad. Para el invierno del 72, unos puentes artesanales hechos por campesinos con la ayuda de Ingenieros Militares, se fueron a los caudalosos ríos que desde la cordillera buscan la sabana y desembocan en el río Arauca. Esto generó una crisis, y de allí derivó el primer paro del Sarare. Un paro negociado por una delegación de la Caja Agraria y el Incora, enviada desde Bogotá. Fue una concertación realizada con los dirigentes campesinos y con dificultades para cumplir lo acordado, lo cual trajo nuevos conflictos, nuevas concertaciones; violencia de lado y lado. Aparecieron la cárcel, las “listas de indeseables” y se abrió una profunda desconfianza de parte de esta sociedad campesina. De allí surge el ELN en el Sarare.

Los Fundadores del Frente Domingo Laín, que hizo su aparición pública un 14 de septiembre de 1980, fueron campesinos de más de 40 años, con familias ya establecidas, con buenas fincas que, ante estos conflictos mal tratados, optaron por el camino de la rebelión armada.

El petróleo descubierto en 1983, que le dio solvencia a las finanzas nacionales y nos volvió nuevamente autosuficientes y exportadores, complejizó la vida en Arauca. Llegó el montaje de una gran infraestructura petrolera, con sus temas comunitarios no muy bien llevados, con un discurso por parte de la guerrilla de “que se roban el petróleo”,  y también con prácticas como sabotajes y secuestros. Unos recursos que fueron bien, regular y mal invertidos y que tornó este conflicto más amplio y extendido en el territorio. De hecho, el crecimiento y recomposición del ELN, se nutrió a mediados de los años 80, con los recursos que el Frente Domingo Laín, abultados por el secuestro de cuatro ingenieros alemanes e italianos que participaban de la construcción del oleoducto que iba desde el complejo de Caño Limón en Arauquita, hasta la estación de bombeo para los tanques cisterna petroleros fondeados en Coveñas, Sucre.

Con el proceso de elección popular de alcaldes y gobernadores, y al convertirse la intendencia en departamento, se inició en Arauca un cogobierno entre políticos y guerrillas, algo que muy bien describió Andrés Peñate como “clientelismo armado”. Este cogobierno tuvo sus dinámicas de beneficio para las comunidades e igualmente mucha sangre para dirimir los conflictos y el control del territorio.

Si queremos avanzar en un Arauca en paz, hay que motivar al ELN araucano a que piense de manera seria y consistente en el camino de las negociaciones y las concertaciones y anime al conjunto del ELN a asumir este proceso. Por ahora eso no se ve y menos con un gobierno con el que tienen tantas distancias, como lo es el gobierno del presidente Iván Duque.

Hay mucho por hacer en Arauca y en el Sarare para avanzar en caminos de paz y democracia: hay que construir una buena carretera entre Pamplona y Saravena, que luego de sesenta años de inicio de la colonización sigue siendo una trocha, (son solo 140 kilómetros y hacerla nueva puede costar 1.5 billones de pesos), hay que dar oportunidades a 30 mil familias campesinas que tienen tierras, cultura campesina y un excelente cacao que los liga a la economía mundial, hay que concertar un ordenamiento del territorio para resolver la pregunta de cómo y en qué condiciones pueden convivir el petróleo con la agricultura y la protección ambiental y un petróleo que se vea en desarrollo regional y hay que hacer un buen balance de las heridas dejadas por una violencia sistemática: se requiere verdad, justicia y reparación.

Parte de estas apuestas de desarrollo regional, están bien formuladas en el Plan de Desarrollo con Enfoque Territorial –PDET- en cuya formulación participaron las organizaciones con sus propuestas y que hay que volver realidad, tema que se juega en la formulación del Plan Nacional de Desarrollo que ahora se discute en el Congreso de la República.

La Paz futura con el ELN pasa porque este grupo se convenza de ese camino, y allí hay que trabajar en iniciativas que se concerten y sirvan a las comunidades araucanas, tarea nada fácil, pero prioritaria.

Por ahora hay nuevamente una intensificación de la violencia, con sus muertes y estragos, por supuesto censurables y a superar.

¿Y Venezuela? Y el ELN binacional?, buen tema para una próxima reflexión.

*Luis Eduardo Celis es asesor de la Redprodepaz

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