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Yagé, un valioso rito que puede ser peligroso

Sus principales componentes actúan sobre el sistema nervioso central. Requiere un uso cuidadoso.

El yagé no es una droga ni una planta; se trata de una receta que combina por lo menos dos plantas que tienen componentes que actúan en forma complementaria sobre el sistema nervioso central (SNC).

Este brebaje contiene cuando menos un bejuco llamado genéricamente yagé y una planta conocida como chagropanga. Esta preparación también recibe el nombre de ayahuasca.

Dentro de sus ritos ancestrales, diversas comunidades étnicas del piedemonte andino amazónico han establecido las proporciones del uno y de la otra que debe contener la bebida para producir unos efectos con significado espiritual.

Y no es para menos. El yagé tiene una alta concentración de harminas y la chagropanga un contenido elevado de dimetiltriptamina. Curiosamente, las dos sustancias actúan ayudándose en los mismos sitios del SNC.

Las dimetiltriptaminas son poderosos enteógenos (fuertes alucinógenos que estimulan sustancias como la dopamina, la serotonina y la norepinefrina) y las harminas son inhibidoras de la monoaminoxidasa, que bloquean las sustancias que actuarían en contra de las dimetiltriptaminas. Es decir, se ocupan de que las primeras mantengan y multipliquen su efecto.

En otras palabras, desde el punto de vista farmacológico cerebral, el yagé sería la combinación de un fuerte antidepresivo y un potente alucinógeno. La mezcla de ambas cosas amerita, por razones obvias, un cuidadoso manejo.

Como psicotrópico se ubica en el mismo lugar de algunos enteógenos sintéticos, como el LSD y el éxtasis. Por eso su uso indiscriminado es un despropósito.

De eso dan fe los casos de personas muertas durante su consumo, como los reportados en Bogotá en el 2008 y el 2010; en Piedecuesta (Santander), en el 2011, y los más recientes. Es claro que sus efectos no son iguales en todas las personas y por las características de las sustancias involucradas, en algunos individuos pueden llegar a ser riesgosas y hasta letales.

Ese es el caso, por ejemplo, de personas que usan antidepresivos, que sufren trastornos bipolares o esquizoides, son sensibles a las tiraminas o metabolizadores lentos; a eso hay que sumar las sobredosis, que pueden desencadenar lo que médicamente se conoce como un síndrome serotoninérgico, que por el efecto sumado de todas esas sustancias, puede generar agitación, confusión, fiebre, vómito, diarreas, temblores, convulsiones, llevar al coma y, en el 10 por ciento de los casos, acabar en muerte.

Pese a todo, la discusión en torno al uso del yagé debe separarse, por completo, de la mala concepción recreativa que algunos, con ligereza, pretenden darle.

Hay que respetar su uso ritual, pegado a las tradiciones y liderado solo por chamanes o médicos tradicionales indígenas, en el contexto físico, mental y espiritual que ellos tienen. Solo en ese escenario el yagé es un patrimonio cultural.

CARLOS F. FERNÁNDEZ
Asesor Médico
EL TIEMPO

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