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Rabia, está bien sentirla, lo malo es dejarse llevar por ella

La ira hace parte del universo emocional de los seres humanos y tiene su función.

El perfil psicológico de Aaron Alexis, autor de la masacre de 12 personas en Estados Unidos el pasado septiembre, evidencia que el homicida tenía problemas para manejar la rabia. Aunque este constituye un caso extremo en el que la ira lleva a descontrolarse, también en la vida diaria esta puede jugarnos malas pasadas.

Eventos como tener que esperar, que alguien le lleve la contraria o que se le critique, terminan generando frustración y sacando de casillas a muchas personas, y a veces de manera desproporcionada.

La rabia hace parte del universo emocional de los seres humanos como la tristeza, la alegría o el miedo, y como toda emoción tiene una función. Entre ellas, preparar al cuerpo para hacer el esfuerzo necesario para superar las dificultades. En otros casos, es una forma de expresar un sentimiento de insatisfacción, de poner límites personales, o decir no cuando es necesario. Puede, incluso tener el objetivo de “mantener un sentido de dignidad de nosotros mismos y de coherencia con lo que creemos o valoramos”.

La ira, expresada apropiadamente, es una emoción saludable. Se hace dañina cuando sus efectos son descontrolados, o por el contrario cuando se suprime demasiado.

Todos hemos tenido ganas de decir cosas terribles, sacar a flote comentarios destructivos, romper cosas o tirárselas a alguien a la cabeza, dar alaridos, llorar con furia, azotar puertas, hacer votos de silencio por varios días o, por el contrario, hablar sin parar.

Aunque esto es normal y puede pasar en tanto no cause daño a otros ni a uno mismo, es importante aprender a entender esta emoción, modularla, controlarla y expresarla de manera positiva.

La creencia popular que sostiene que “una persona con rabia es incontrolable”, no es tan cierta. Es posible hacer una utilización positiva del enfado y aprender a reaccionar tranquilamente frente a estos factores.

Existen varios métodos y alternativas que si se trabajan con constancia y voluntad resultan muy efectivos para lograr controlar los “ataques de ira”.

Efecto negativo

Un ataque de ira puede ocasionar daños irreversibles en las cosas, lesionar las relaciones con las personas y, además, afectar la salud y armonía interior. Las consecuencias a nivel personal van desde sentirse avergonzado, culpable, angustiado y estresado, afectando así el bienestar, hasta ser rechazado por los demás, perder su confianza y estima.

En cuanto a los efectos sobre otras personas, estas actitudes pueden causar daños a quienes queremos, herir su integridad física y emocional. La irascibilidad perturba la tranquilidad de los demás, quienes muchas veces tienen que cambiar su forma de ser, callar sentimientos y deseos frente a una persona malgeniada, por evitar que estalle o se salga de si.

Ocho claves para aprender a manejar la rabia

Alguien que se deja manejar por la ira corre el riesgo de volverse irracional. Por eso tenga en cuenta estos puntos.

1. No reprimir la rabia, pues esto no significa controlarla. Cohibir esta emoción, creyendo que así la controla puede generar mayor ansiedad.

2. Modular la tendencia a culpar a los demás cuando estamos bravos. Las emociones surgen dentro del individuo y por tanto son responsabilidad de cada persona. Es cierto que algunas actitudes de los demás o ciertas situaciones son detonadores de rabia, pero somos nosotros quienes elegimos sentir esta molestia con violencia.

3. Expresarse de una manera firme, pero no agresiva. Cuando una persona está enojada tiene un deseo compulsivo de decirlo todo. Recuerde el poder que tienen las palabras y que muchas veces lo que se dice crea un impacto irreversible que deja una huella imborrable.

4. Creer con convicción que la rabia sí se puede controlar. Hacer declaraciones que calman (“puedo controlar mis emociones”, “la ira no me domina”, “¡cuidado… estoy al borde de un ataque de ira!”) para repetir mentalmente.

5. Evite las expresiones exageradas y dramáticas. Maldecir y renegar intensifica la rabia. Tenga más reflexiones razonables como “no es tan terrible”, “eso le puede pasar a cualquiera”, “tampoco es para tanto”.

6. No haga juicios, más bien describa la situación. Por ejemplo, “me gustaría que llegaras más temprano”, y no “eres un incumplido que nunca llegas a tiempo”.

7. Piense antes de responder. No saque conclusiones a la ligera. Relativice los pensamientos del tipo “siempre está en contra mía”, “lo hace solo para molestarme”.

8. Examine qué situaciones le producen ira y si no puede evitarlas, aprenda a calmarse frente a ellas, para poder discutirlas de forma tranquila.

MARÍA ELENA LÓPEZ
PSICÓLOGA DE FAMILIA
ESPECIAL PARA EL TIEMPO/ VÍA EL TIEMPO.COM

 

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