Cada hora, dos niñas son víctimas de la violencia sexual en Colombia

A septiembre reportaron 11.333 ataques a menores. En el 83 % de los casos ellas fueron las víctimas.

La violencia sexual es uno de los principales dramas que enfrentan las niñas colombianas. Entre enero y septiembre pasados, según el Instituto de Medicina Legal, se presentaron 11.333 casos de violencia sexual de menores, de los cuales el 83 por ciento correspondieron a niñas (9.423 casos). Es decir, cada hora dos niñas son víctimas de algún tipo de agresión sexual.

El último de esos casos que ha trascendido es el de María Paula Hernández, de 11 años, quien en su casa en Usaquén, en el norte de Bogotá, fue víctima de violencia sexual y luego fue asesinada. Este miércoles, la Fiscalía decidió llamar a interrogatorio a la mujer que la cuidaba.

En el 2012, Medicina Legal practicó 16.421 exámenes médico-legales por presuntos delitos sexuales contra menores de edad, de los cuales 13.575 (el 82 por ciento) fueron realizados a niñas entre los 0 y 17 años. En el 2011 fueron 19.617.

Los actos de violencia sexual son el abuso, el acceso carnal violento, el asalto sexual, la pornografía, la esclavitud sexual, trata o prostitución forzada.

Del informe se destaca que los principales agresores están cerca de las niñas. En el 39 por ciento de los casos, el victimario era un familiar; en el 9 por ciento, un conocido; en el 9 por ciento, un amigo de la casa y en el 8 por ciento, un vecino.

Estas cifras se dan a conocer a propósito de la conmemoración del Día Internacional de la Niña, proclamado por Naciones Unidas y el cual se celebra mañana, y que llama la atención de los gobiernos sobre la discriminación y otros problemas que afectan a las niñas.

Además de la violencia sexual, las niñas colombianas son víctimas de pobreza, violencia y desplazamiento forzado y de explotación laboral. En el 2012, Medicina Legal determinó que cada día, 39 niñas fueron víctimas de diferentes tipos de violencia. Al año, 171 son asesinadas y 60 se suicidan.

Entre enero y agosto de este año, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) ha atendido a 15.859 niñas y adolescentes que han sufrido algún tipo de violencia o vulneración de derechos.

Los motivos de ingreso más frecuentes son abuso sexual (4.078 casos), maltrato infantil (2.766), condiciones especiales de los cuidadores (discapacidad, privación de la libertad, ausencia prolongada del país), secuestro o evasión de la justicia (2.717) y responsabilidad penal o conflicto con la ley (1.072).

El 46 por ciento de los casos de vulneración se concentran en Bogotá (2.815 casos), Valle del Cauca (2.048), Cundinamarca (938), Atlántico (780) y Nariño (732).

Pero este flagelo también es porque en las áreas cultural y social “se toleran las manifestaciones de violencia contra las mujeres, mucho más cuando se trata de niñas y adolescentes”, según Adriana González, directora encargada del ICBF.

Según la Fundación Plan -entidad abanderada de la celebración del Día Internacional de la Niña-, muchas niñas no acceden a los mismos derechos de los niños (como por ejemplo, educación y recreación) porque existen culturas en las que se cree que los niños (varones) representan cierta superioridad.

Gabriela Bucher, gerente de la Fundación Plan, afirmó que en muchos casos las niñas sobrellevan la carga de la pobreza y la perpetúan cuando se convierten en madres adolescentes, frustrando, de paso, sus proyectos de vida.

“En Colombia, una de cada cinco adolescentes ya es madre o está embarazada, según la Encuesta de Demografía y Salud del 2010. Muchas de esas niñas no vuelven a estudiar”, explicó Bucher.

Las cifras de embarazos tempranos son más altas en Amazonas (35 por ciento) y Chocó (29 por ciento). El promedio nacional es del 19 por ciento.

En Cartagena, las niñas son dueñas de su destino

“Yo no quiero quedar embarazada tan pequeña. Nadie puede irrespetarme ni tocar mi cuerpo”, dice con simpatía la niña, de 12 años, mientras juega con un grupo de amigas y vecinas del sector de El Pozón, en Cartagena.

Ella es una de las 500 niñas y adolescentes de esa ciudad, y de varios municipios vecinos, que conforman el proyecto ‘Conduciendo nuestros destinos’, de la Fundación Plan.

Esta iniciativa busca blindar a estas niñas de los riesgos que corren en sus comunidades, como la violencia sexual, los embarazos tempranos, el consumo de drogas, la violencia intrafamiliar y el pandillismo.

“He aprendido a ser fuerte, a quererme mucho, a que el estudio es lo más importante”, dice otra de las niñas, quien considera que muchas adolescentes quedan embarazadas no porque desconozcan los métodos de planificación, sino por falta de autoestima y de un proyecto de vida claro.

“Creo que uno de los problemas más graves de las niñas es la violación. A muchas niñas de aquí las han violado, y eso les daña la vida”, opina otra de las participantes del proyecto y quien se ha convertido en una líder de su comunidad.

“A las otras niñas les digo que todo hay que hacerlo a su tiempo: tener novio, tener hijos. Primero hay que estudiar”, sigue ella, y denuncia que en El Pozón las pandillas se han convertido en una amenaza para las niñas y jóvenes.

“Muchas niñas se enamoran de los pandilleros y terminan convertidas en pandilleras, robando a la gente y consumiendo drogas”, añade.

El drama de dos menores que recuperaron su vida

‘Es muy cruel ver a mi hijo llorar de hambre’

“Tenía 13 años y la mujer de mi hermano me presentó a un muchacho de 18, amigo de ella. Él me dijo que yo le gustaba mucho.

Empezamos a salir y al poco tiempo me propuso que me fuera a vivir con él en una pieza, en el barrio Olaya, en El Pozón (Cartagena), y acepté. Yo no había tenido relaciones sexuales, y no sabía cómo era eso. Al poco tiempo quedé embarazada.

Al principio, mi marido era muy especial, pero después se volvió agresivo: me pegaba puños, me arrastraba del pelo, me insultaba, me dejaba encerrada, sin comida.

Tuve mi hijo, que es un bebé hermoso, una gran bendición, pero es muy duro verlo llorar de hambre porque no tengo comida para darle.

Hace seis meses llegué con mi hijo a la Fundación Juan Felipe Gómez Escobar. Tenía un ojo morado porque mi marido me había pegado la noche anterior. Nos hicieron exámenes. Mi hijo y yo estábamos desnutridos.

Aquí nos han dado mucha ayuda; volví al colegio y estudio panadería. Quiero que a mi hijo no le falté nada. Tengo 17 años y le pido a Dios que cambie a mi marido, porque quiero volver con él.

‘Desde los 13 años me explotaron’

Una amiga me dijo: ‘Vuélese de la casa y véngase a vivir conmigo’. Yo tenía 13 años y estaba desesperada porque mis papás peleaban mucho, me pegaban y pasábamos hambre.

Ella me dijo que para ganar plata me tenía que desnudar, dejarme tomar fotos y hacerles cosas a los hombres, y me decía que mi virginidad valía mucha plata. No sé cuánto le pagarían, pero a mí me dio 200.000 pesos.

No sabía que eso era un delito, y como un primo me había violado cuando yo tenía ocho años, no tenía autoestima.

En Cartagena, a muchas niñas nos venden como mercancía a los turistas. Había un carpero (hombre que alquila carpas en las playas) que me ofrecía a los extranjeros, que me llevaban a hoteles y a apartamentos. Para acostarme con ellos empecé a consumir drogas.

Unos ecuatorianos nos iban a sacar del país, a una amiga y mí, con la promesa de que nos iban a dar ropa y mucha plata, pero la Policía se dio cuenta y los metieron a la cárcel, y a nosotras nos llevaron para el Bienestar Familiar. Pero me escapé y volví a la calle.

Después de cuatro años en esas conocí una fundación que me dio la mano, que me enseñó a valorarme y donde superé mi adicción. Acabo de cumplir 18 años, estudio turismo y doy charlas en colegios de Cartagena para que las niñas no caigan en las redes de explotación sexual, para que no repitan mi historia.

REDACCIÓN VIDA DE HOY/ vía el tiempo.com

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